jueves, 31 de mayo de 2012

La vida es linda.

    - Sí, alguna vez sucederá eso... sucederá, que la gente irá por la calle preguntandose los unos a los otros: ¿es cierto esto, es cierto?

    - Usted, digame, ¿usted nunca ha estado enfermo?

Comprendí lo que él pensaba y sonriendo continué:

    - No... ya sé lo que usted cree... pero escúcheme... yo no estoy loco. Hay una verdad, sí... y es que yo sé que siempre la vida va a ser extraordinariamente linda para mí. No sé si la gente sentirá la fuerza de la vida como la siento yo, pero en mí hay una alegría, una especie de inconsciencia llena de alegría. – Una súbita lucidez me permitía ahora discernir los móviles de mis acciones anteriores y continué: – Yo no soy un perverso, soy un curioso de esta fuerza enorme que está en mí.

    - Siga, siga....

    - Todo me sorprende. A veces tengo la sensación de que hace una hora que he venido a la tierra y que todo es nuevo, flamante, hermoso. Entonces abrazaría a la gente por la calle, me pararía en medio de la vereda para decirles: ¿pero ustedes por qué andan con esas caras tan tristes? Si la vida es linda... ¿no le parece a usted?

    - Sí....

    - Y saber que la vida es linda me alegra, parece que todo se llenara de flores... dan ganas de arrodillarse y darle las gracias a Dios, por habernos hecho nacer.

    - ¿Y usted cree en Dios?

    - Yo creo que Dios es la alegría de vivir. ¡Si usted supiera! A veces me parece que tengo un alma tan grande como la iglesia de Flores... y me dan ganas de reir, de salir a la calle y pegarle puñetazos amistosos a la gente.

    - Siga...

    - ¿No se aburre?

    - No, siga.

    - Lo que hay, es que esas cosas uno no se las puede decir a la gente. Lo tomarían por loco. Y yo me digo: ¿qué hago de esta vida que hay en mí? Y me gustaría darla... regalarla... acercarme a las personas y decirles: ¡ustedes tienen que ser alegres! ¿Saben? Tienen que jugar a los piratas... hacer ciudades de mármol... reírse... tirar fuegos artificiales.

    En El juguete rabioso, de Roberto Arlt.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Espada de dulzura.

"Algunas veces en la noche, hay rostros de doncellas que hieren con espada de dulzura. Nos alejamos, y el alma nos queda entenebrecida y sola, como después de una fiesta.

Realizaciones excepcionales... se fueron y no sabemos más de ellas, y sin embargo nos acompañaron una noche teniendo la mirada fija en nuestros ojos inmóviles... y nosotros heridos con espadas de dulzura, pensamos cómo sería el amor de esas mujeres con esos semblantes que se adentraron en la carne. Congojosa sequedad del espíritu, peregrina voluptuosidad áspera y mandadora.

Pensamos como inclinarían la cabeza hacia nosotros para dejar en dirección al cielo sus labios entreabiertos, como dejarían desmayarse del deseo sin desmentir la belleza del semblante un momento ideal; pensamos cómo sus propias manos trizarían los lazos del corpiño...

Rostros... rostros de doncellas maduras para las desesperaciones del júbilo, rosotros que súbitamente acrecientan en la entraña un desafallecimiento ardiente, rostros en los que el deseo no desmiente la idealidad de un momento. ¡Cómo vienen a ocupar nuestras noches!

Yo me estado horas continuas persiguiendo con los ojos la forma de una doncella que durante el día me dejó en los huesos ansiedad de amor.

Despacio consideraba sus encantos avergonzandos de ser tan adorables, su bocha hecha tan sólo para los grandes besos; veía su cuerpo sumiso pegarse a la carne llamadora de su desengaño e insistiendo en la delicia de su abandono, en la magnífica pequeñez de sus partes destrozables, la vista ocupada por el sembalnte, por el cuerpo joven para el tormento y para una maternidad, alargaba el brazo hacia mi pobre carne; hostigándola, la dejaba acercarse al deleite".


En El juguete rabioso, de Roberto Arlt.

viernes, 11 de mayo de 2012

Felicidad #2

"Digan lo que quieran, si la felicidad existe, si la podemos concretar y definir, ella está en los extremos. Yo comprendo las satisfacciones del rico y las del pobre; las satisfacciones del amor y del odio; las satisfacciones de la oscuridad y las de la gloria. Pero ¿quién comprende las satisfacciones de los términos medios; las satisfacciones de la indiferencia; las satisfacciones de ser cualquier cosa?"


En "Una excursión a los indios Ranqueles", de Lucio V. Mansilla.

Felicidad #1

"Pero siento algo de pavoroso, que no está en los sentidos, que está en la imaginación; en esa región poética, mística, fantástica, ardiente, fría, límpida, nebulosa, transparente, opaca, luminosa, sombría, risueña, triste, que es todo y no es nada, que es como los rayos del sol y su penumbra, que cría y destruye, que forja sus propias cadenas y las rompe -que se engendra a sí misma y se devora, que hoy entona tiernas endechas al dolor, que mañana pulsa el plectro aurífero y canta la alegría, que hoy ama la libertad y mañana se inclina sumisa ante la oprobiosa tiranía.
¡Ah!, ¡si pudiéramos darnos cuenta de todo lo que sentimos!
¡Si nuestra impotente naturaleza pudiera tocar los lindes vedados que separan lo finito de lo infinito! ¡Si pudiéramos penetrar en los abismos del mundo psicológico, como alcanzamos con el telescopio a las más remotas estrellas!
¡Si pudiéramos descomponer los rayos de la mirada del hombre, como el espectro solar descompone los rayos del gran luminar! ¡Si pudiéramos sondar el corazón, como los bajíos tempestuosos del mar!
¿Seríamos más felices?
¡Más felices...!
¿Somos acaso felices?
Si constantemente hablamos de la felicidad, es porque tenemos idea de ella.
Definidme, pues, lo que es.
Quiero saberlo, necesito saberlo, debo saberlo, es mi derecho.
Sí, yo tengo derecho a ser feliz, como tengo derecho a ser libre. Y tengo derecho a ser libre, porque he nacido libre.
¿Qué es la libertad?
¿No es el poder de obrar, o de no obrar, no es la facultad de elegir; no es el ejercicio de mi voluntad consciente, reflexiva, deliberada, calculada, espere daño o bien?
¡Os atrevéis a tacharme la definición!
¿Qué vais a decir?
Que no es jurídica; ¿porque la libertad es el poder de hacer lo que no daña a otro?
Os advierto que no hablo como un legista, sino como un filósofo, y os admito la diferencia.
Convenido; la libertad es eso, mi derecho corriendo en línea paralela con el vuestro; una abstracción susceptible de asumir una fórmula gráfica.
-A mi derecho: --
-A vuestro derecho: --
Luego un derecho que se sobrepone a otro no es derecho, es abuso o tiranía.
Yo tengo el derecho de hablar, vos también. Si os impongo silencio y no callo, os oprimo. Yo tengo el derecho de trabajar para mí, vos también. Si os hago mi esclavo, os tiranizo.
Estamos acordes.
Pues bien. Insisto en ello. Yo tengo el derecho de ser feliz. Lo reconozco, me contestáis; no me opongo a ello, no tengo cómo oponerme; lo intentaría en vano.
Es mentira, puesto que mi felicidad consiste en que me devolváis el amor de la mujer que me habéis robado.
No depende de mí. En todo caso dependerá de ella.
Pero es que si ella volviese a mí, no volvería como antes era; para que lo fuera, hubiera debido permanecer inmaculada y la habéis corrompido.
Suponiendo que yo pueda ser responsable de vuestra felicidad, os prevengo que hacéis un sofisma cuando la comparáis con el derecho.
No os entiendo.
Quiero decir que el derecho regla las relaciones naturales de la humanidad; que si la libertad es un derecho, la felicidad no lo es. ¿Y por qué no ha de ser un derecho aquello que más necesito? Tanto valiera que me dijerais que respirar no es mi derecho, siendo así que tengo el derecho de vivir y que si no respiro muero. Es que el sofisma consiste en que hacéis de un accidente una necesidad; de una cosa contingente una cosa absoluta; de una cosa que está en nuestras manos, una cosa que depende de los demás.
¿Pero mi libertad, mi derecho están en ese mismo caso? No, porque vuestra libertad y vuestro derecho están garantidos por la libertad y el derecho ajenos. Alteri non feceris quod tibi fieri non vis. No hagas a los demás, lo que no quieres que te hagan a ti mismo. Alteri feceris quod tibi fieri velis . Haz a los demás lo que quieres que te hagan a ti mismo. Estos dos aforismos encierran todos los deberes del hombre para con sus semejantes y con la familia. No protesto contra esos principios, arguyo sólo, que si mi felicidad no daña a los demás, tengo el derecho de exigir ser feliz.
¿A quién?
¿A quién... ?
Sí, ¿a quién?
Contestadme.
Os he pedido que me defináis la felicidad.
¿Qué os defina la felicidad?
Si la felicidad no es absoluta, es relativa. No es como el bien y el mal, como lo bueno y lo malo. Es objetiva y subjetiva. Depende de las circunstancias, del carácter, de las aspiraciones, de accidentes sin fin.
Os entiendo.
Queréis decirme, que un fraile de la Trapa, vicioso, descreído, puede vivir más tranquilamente en su retiro que yo, creyente y sano, en el bullicio de la sociedad.
Precisamente.
Entonces, ¿qué recurso nos queda a los que rodamos fatalmente en ese torbellino?
Tomarlo como viene, resignarse.
La conformidad puede convenirle a un esclavo.
¿Y creéis haber dicho algo?
Si no lo creyese, no hubiera hablado.
Os prevengo, sin embargo, que sois esclavo de vuestras pasiones.
¿Y qué me queréis decir?
Quería recordaros, que Dios es inescrutable, que el hecho de no poder definir satisfactoriamente una cosa en abstracto, no prueba que la cosa deje de existir; en una palabra, que habéis sido insensato al exclamar con desaliento: ¿somos acaso felices? De consiguiente, porque no pueda definir lo que experimenté cuando me vi perdido en el monte, no por eso dejará de creerse que fue miedo".
En "Una excursión a los indios Ranqueles", de Lucio V. Mansilla.

domingo, 29 de abril de 2012

Aberración "poética" #2

Podría, aceptarte como inexistente
pero casi siempre estás presente
aunque no lo quiera mi consciente
siempre caigo en ti, como derepente.

Me vacías las ganas, las ideas
me largas en viajes inconscientes,
donde el vértigo siempre está presente
junto con el miedo,
Y ahí recuerdo como tus palabras
devastaban todos mis fundamentos.

Lento, tan lento pienso hoy
que no te alcanzo, ni siquiera
alcanzo a tocarte, con un solo verso;
lento, siempre lento en mi palabrerío
vos eras la luz de una vida
y así, tan rápido, te movías,
enseñandome lo que no veía, y no quería ver.

Como extraño verte discurriendo
por la vida como si fuera alegre
dejando de lado el gris y triste
espacio de la mente
La razón no era para ti más que un medio
para expresar y sentir al ser
que no es el ser que piensa,
sino todo su opuesto, su animal.

Llegan tarde las clarividencias
y entre estrofas te voy adivinando,
voy disfrutandote, apreciandote, elevandote,
confirmando tu luz, y la de todos
los seres que se atreven
a vivir con sus pasiones, sus sentimientos,
arrojados hacia el mundo,
y arrojados sobre ellos: no conscientes,
sino desprendidos y despreocupados
de la gran enfermedad del raciocinio.

La luz está ahí, no es de nadie,
sino de cada uno, y basta solo con mirar,
con atención, con dulzura y placer,
para poder apreciar al ser, que ilumina
todo con su vida, incluso a si mismo se ilumina;
cual bombita en velador, no pretende presumir
solo cree en el sentir, en el orden espacial
de que basta con mirar y no hace falta ya pensar.

jueves, 26 de abril de 2012

Tranquilidad.

""Hay situaciones en que la tranquilidad no puede ser el resultado de la reflexión. Debe nacer del alma".

Lucio V.Mansilla en "Expedición a los indios Ranqueles".

domingo, 22 de abril de 2012

Es posible que sea hermoso.

"Una conciencia demasiado clarividente es (se lo aseguro a ustedes) una enfermedad, una verdadera enfermedad. Una conciencia ordinaria nos bastaría y sobraría para nuestra vida común; sí, una conciencia ordinaria, es decir, una porción igual a la mitad, a la cuarta parte de la conciencia que posee el hombre cultivado de nuestro siglo XIX. Se tendría, por ejemplo, más que de sobra con esa cantidad de conciencia que poseen los hombres llamados sinceros, espontáneos y también hombres de acción".

 (...)

"Bueno, precisamente es este hombre simple el que considero normal por excelencia, el hombre en el que soñaba nuestra madre naturaleza al ponernos amablemente sobre la tierra. Envidio a ese hombre. No dejo de reconocer que es tonto. Pero ¿qué saben ustedes de esto? Es posible que sea tonto. Incluso es posible que sea hermoso. Y esta suposición me parece mucho más acertada aún cuando observo la antítesis del hombre normal, o sea, al hombre de conciencia refinada, al hombre salido no del seno de la naturaleza, sino de un largo proceso de destilación (esto es ya casi misticismo, señores, pero realmente lo veo de este modo). Entonces vemos que este hombre destilado se esfuma a veces ante su antítesis, hasta tal punto que, a pesar de todo su refinamiento de conciencia, sabe que no es más que un ratoncito. Es quizás un ratoncito muy ingenioso, pero no por eso deja de ser un ratón y no un hombre. En fin, lo peor de todo es que él mismo se considera un ratón, ¡él mismo! Nadie le pide que lo confiese. Ese es un detalle muy importante".

Dostoyevski en "Memorias del subsuelo".

miércoles, 11 de abril de 2012

Filosofía de la embriaguez (Kant #1)

"Para excitar o apaciguar la imaginación hay un medio corporal, el empleo de sustancias productoras de embriaguez, de las que algunas, venenosas, debilitan la fuerza vital (ciertas setas, uñas de oso salvaje, el chicha de los peruanos y el ava de los indios del Pacífico, el opio), otras la fortifican, o al menos elevan el sentimiento que se tiene de ella (como lasbebidas fermentadas, el vino y la cerveza, o el espíritu extraído de ellas, el aguardiente), pero todas son artificiales y antinaturales. El que los toma con tal exceso que se torna durante cierto tiempo incapaz de ordenar las representaciones sensibles según las leyes de la experiencia, se dice ebrio o borracho; y el ponerse voluntaria o deliberadamente en este estado se dice embriagarse. Todos estos medios servirían para hacer olvidar al hombre la carga que radicalmente parece haber en toda vida. Esta muy difundida inclinación y su influencia sobre el uso del entendimiento merece preferente consideración en una Antropología pragmática.

Toda embriaguez muda, esto es, aquella que no aviva la sociabilidad y la recíproca comunicación de pensamientos, tiene de suyo algo de afrentoso; tal es la del opio y la del aguardiente. El vino y la cerveza, de los cuales el primero es meramente excitante, la segunda más nutritiva y parecida a un alimento, provocan la embriaguez sociable; hay, empero, la diferencia de que las orgías de cerveza son más soñadoramente herméticas, frecuentemente también groseras, mientras que las de vino son alegres, ruidosas y de chistosa locuacidad. 

La incontinencia en el beber en compañía, que llega a la obnubilación delos sentidos, es sin disputa una falta de decoro en el varón, no solo por respeto a la compañía con que se entretiene, sino también por respeto a la propia estimación, cuando sale tambaleándose, o al menos con paso inseguro, o meramente balbuciendo. Pero también cabe aducir muchas cosas para mitigar el juicio obre semejante vicio, ya que tan fácilmente puede olvidarse y traspasarse el límite del dominio de sí; pues el anfitrión quiere que el invitado salga gracias a su acto de sociabilidad plenamente satisfecho [...].

La despreocupación, y con ella el descuido de que es causa la embriaguez, es un sentimiento ilusorio de acrecentamiento de la fuerza vital; el embriagado no siente los obstáculos de la vida, en cuya superación se ocupa incesamente la naturaleza (y es en lo que consiste la salud), y es dichoso en medio de su debilidad, mientras la naturaleza pugna realmente en él por restablecer de un modo gradual su vida mediante un paulatino incremento de sus fuerzas. Las mujeres, los eclesiásticos y los judíos no suelen emborracharse, o al menos evitan cuidadosamente toda apariencia de ello, porque son civilmente débiles y tienen necesidad de continencia (para lo cual es absolutamente indispensable la sobriedad). Pues su valor externo descansa meramente en la fe de los demás en su castidad, supiedad o su ley separatista. Pues por lo que concierne a esto último, todos los separatistas, esto es, todos aquellos que no se someten meramente a la ley pública de un país, sino además a una ley especial (sectaria), están, como gentes aparte y presuntos escogidos, preferentemente expuestos a la atención de la comunidad y al rigor de la crítica; tampoco pueden, pues, ser negligentes en la atención que se presten a sí mismos, porque la embriaguez, que suprime este cuidado, es para ellos un escándalo.

De Catón dice su estoico admirador: «Su virtud se robusteció con el vino[...]», y de los antiguos teutones un moderno: «Tomaban sus resoluciones (cuando se trataba de decidir una guerra) bebiendo, a fin de que no careciesen de energía, y reflexionaban sobre ellas pasada la embriaguez, a fin de que no careciesen de sentido». El beber desata la lengua [...]. Pero también franquea el corazón y es el vehículo material de una cualidad moral, a saber, la franqueza. La reserva en los propios pensamientos es para un corazón puro un estado opresivo, y unos bebedores jocundos no toleran fácilmente que nadie sea en medio de la francachela muy moderado; porque representa un observador que atiende a las faltas de los demás, pero reserva las suyas propias. También dice Hume: «Es desagradable el compañero de diversión que no olvida; las locuras de un día deben ser olvidadas para hacer lugar a las del otro». En la licencia que el varón tiene para rebasar un poco, y por breve tiempo, en gracia a la alegría colectiva, los límites de la sobriedad, se da por supuesta la bondad de corazón; la política que estaba en boga hace medio siglo, cuando las cortes del Norte enviaban embajadores que podían beber mucho sin emborracharse, pero hacía emborracharse a los demás para sonsacarles noticias o convencerlos, era taimada; mas ha desaparecido con la rudeza de las costumbres de aquel tiempo, y una epístola monitoria contra ese vicio sería ahora superflua por respecto a las clases cultivadas. 

¿Se puede averiguar mediante la bebida el temperamento del hombre que se emborracha o su carácter? Yo creo que no. Se ha mezclado un nuevo líquido a los humores que circulan en sus venas y actúa sobre sus nervios otro estímulo, que no descubre más claramente la temperatura natural, sino que introduce otra. De aquí que entre los que se embriagan el uno se presente enamorado, el otro grandilocuente, un tercero pendenciero, un cuarto (principalmente con la cerveza) se pone llorón, o le da por rezar, o se queda mucho; pero todos se reirán, cuando hayan dormido la borrachera y se les recuerden sus discursos de la noche anterior, de aquel singular temple o destemplanza de sus sentidos".


Cita a la obra "Antropología en sentido pragmático", 
de Immanuel Kant, en el libro "Antimanual de filosofía" de Michel Onfray.

Nietzsche #3

"Quiero dar mi consejo a los denigrados del cuerpo: No deben cambiar de método de enseñanza, sino únicamente despedirse de su propio cuerpo..., y así hacerse mudos. El niño se expresa así: «Yo soy cuerpo yalma». ¿Y por qué no expresarse como los niños? Quien está despierto y consciente exclama: Todo yo soy cuerpo y ninguna otra cosa. El alma solo es una palabra para una partícula del cuerpo. El cuerpo es un gran sistema de razón, una multiplicidad con una sola dirección, una guerra y una paz, un rebaño y un pastor. Instrumento de tu cuerpo: tal es también tu pequeña razón, que tú denominas espíritu, hermano mío, pequeño instrumento y pequeño juguete de la gran razón. Dices «yo» y te sientes orgulloso de esta palabra. Pero, aunque no quieras creerlo, lo que es mucho más grande es tu cuerpo y su gran sistema de razón: él no dice «yo», pero él es yo".

Cita a la obra "Así hablaba Zaratustra" (1883-1885), 
de Friedrich Nietzsche, en el libro "Antimanual de filosofía" de Michel Onfray.

domingo, 8 de abril de 2012

Conversando con un gil (que se da cuenta).

A: - No quiero más historias, no quiero mas cogerme a un pibe que me parece un gil, no quiero más pensar en Agustina, no quiero más enamorar mujeres que no puedo corresponder. ¿Así que tendría que empezar como corresponde no?

B: - ¿Te parece bien que reprimas tus sentimientos? Yo no creo que tengas que reprimirte querer a nadie, menos a ella.

A: - La voy a seguir queriendo, eh. Pero no sé si esta bueno hablar, me hace mal y sé que no tiene las mismas intenciones que yo.

B: - Hay que separar las cosas, mira...  La cuestión es no pensar todo el tiempo en ella. Amarla, platónicamente o no, pero no amarla todo el día con la conciencia. La conciencia usala para cuando lees, cuando escuchas linda música, para disfrutar las cosas que la razón entienda, no para quererla todo el día. Después de todo el amor no pasa por la cabeza (por la razón), pasa por otro lado que no sé cuál es, pero no sirve querer con las ideas. ¡Usemos la razón para disfrutar la compresión, la música y las cosas (estéticamente) bellas! 
Hablar con alguien que deseás y querés puede ser malo, sí, porque se te plantea inmediatamente la imposibilidad de concretar el deseo. Pero podrías disfrutar hablar cosas lindas con ella. "Recordarte es un hermoso lugar" dijo alguna vez Gustavo. Estaría lindo también recordar esas cosas lindas antes que la imposibilidad de consumir el deseo.

A: - Me encantaría que sea así de fácil como lo planteas.

B: - ¡Pero si fuera fácil sería una porqueríaa! Angustiate, Pu, después de todo tiene cierto dulzor la angustia. El saber que uno tiene la capacidad de angustiarse, de querer, de que no es una roca en una cascada. No te vuelvas, justamente, una roca por la angustia...


*La fuente es anónima.

martes, 3 de abril de 2012

Atrocidad poética.

Al borde de tus labios fluye el deseo,
al márgen del deseo el desamor;
al márgen de tu cintura está la ausencia.
Supo el mar, otra vez aquí,
arrasar con todo y más,
separar a mi cuerpo de mi conciencia.

¿Saltar al vacío en busca de algo nuevo?
¿Dónde hay novedad? Para novedad, lo clásico.
La ternura es clásica pero siempre novedosa,
tal como la luna: nunca igual.
El cielo se vuelve azul y celeste,
justo cuando tu azul se vuelve presente.

¿Cómo abrigarme sólo con mi corazón?
La voluntad de poder parece agotada,
cuando ayer parecía infinita.
La ilusión de la felicidad aguarda que la despierten,
ilusa ella que cree ser nuestro motivo.
Bien se sabe que el motivo no es la ilusión
sino la realidad: tu corporeidad y tu mentalidad.

Incomprensible es el vacío,
tanto como la completitud que da el amor.
No es la vida de los otros, ni la mía,
la que hará valer todo este enjambre.
Sólo el amor existe, sólo el amor perdura,
es el amor la razón y lo que aquellos llaman "dios".


"Cómo será la laguna que el chancho la cruza al trote".

lunes, 2 de abril de 2012

Hume #1

"Para juzgar correctamente una obra genial hay tantos puntos de vista atener en cuenta, tantas circunstancias que comparar, y tanta necesidad de conocer la naturaleza humana, que ningún hombre que no posea el juicio más sólido hará nunca una crítica aceptable de tales obras. Y esta es una nueva razón para cultivar el goce de las artes liberales.Nuestro juicio se reforzará con esta práctica; nos formaremos nociones más exactas de la vida, muchas cosas que complacen o afligen a otros nos parecerán demasiado frívolas para merecer nuestra atención, y poco a poco perdemos esa sensibilidad y delicadeza de pasión que tan incómoda resulta.

Pero quizá haya ido demasiado lejos al decir que un gusto cultivado para las bellas artes extingue las pasiones y nos deja indiferentes ante aquellos objetos que tan perseguidos son por el resto de la humanidad. Tras posteriores reflexiones, creo que más bien mejora nuestra sensibilidad para todas las pasiones delicadas y agradables, al mismo tiempo que deja lamente incapaz de emociones más rudas y turbulentas".


Cita a la obra "La norma del gusto y otros ensayos" (1742), 
de David Hume, en el libro "Antimanual de filosofía" de Michel Onfray.

Platón #1

"En efecto, quien hasta aquí haya sido instruido en las cosas del amor, tras haber contemplado las cosas bellas en ordenada y correcta sucesión, descubrirá de repente, llegando ya al término de su iniciación amorosa, algo maravillosamente bello por naturaleza, a saber, aquello mismo, Sócrates, por lo que precisamente se hicieron todos los esfuerzos anteriores, que, en primer lugar, existe siempre y ni nace ni perece, ni crece ni decrece; en segundo lugar, no es bello en un aspecto y feo en otro, ni unas veces bello y otras no, ni bello respecto a una cosa y feo respecto a otra, ni aquí bello y allí feo, como si fuera para unos bello y para otros feo. Ni tampoco se le aparecerá esta belleza bajo la forma de un rostro ni de unas manos ni de cualquier otra cosa de las que participa un cuerpo, ni como un razonamiento, ni como una ciencia, ni como existente en otra cosa, por ejemplo, en un ser vivo, en la tierra, en el cielo o en algún otro, sino la belleza en sí, que es siempre consigo misma específicamente única, mientras que todas las otras cosas bellas participan de ella de una manera tal que el nacimiento y muerte de estas no le causa ni aumento ni disminución, ni le ocurre absolutamente nada. Por consiguiente, cuando alguien asciende a partir de las cosas de este mundo mediante el recto amor de los jóvenes y empieza a divisar aquella belleza, puede decirse que toca casi el fin. Pues esta es justamente la manera correcta de acercarse a las cosas del amor o de ser conducido por otro: empezando por las cosas bellas de aquí y sirviéndose de ellas como de peldaños ir ascendiendo continuamente, en base a aquella belleza, de uno solo a dos y de dos a todos los cuerpos bellos y de los cuerpos bellos a las bellas normas de conducta, y de las normas de conducta a los bellos conocimientos, y partiendo de estos terminar en aquel conocimiento que es conocimiento no de otra cosa sino de aquella belleza absoluta, para que conozca al fin lo que es la belleza en sí".

Cita a la obra El banquete (384 a. de C), 
de Platón en el libro "Antimanual de Filosofía" de Michel Onfray

jueves, 29 de marzo de 2012

martes, 6 de marzo de 2012

Cita.

"Si nosotros mismos reconocemos - pensaba yo - que el errar es propio del hombre, ¿no resulta la justicia una crueldad?"


"Y, haciendolo así,  el bueno de Don Anselmo demostrabame que por desgracia, no somos como el árbol que vive y no siente, y al que la tierra, el sol, el aire, la lluvia y el viento no le parecen cosas que él no sea: cosas amigas u hostiles. A nosotros los mortales nos tocó en suerte al nacer un triste privilegio: el de tomar como una realidad exterior a nosotros nuestro sentido interno de la vida, mudable y vario, según los tiempos, los casos y la fortuna".


En "El difunto Matias Pascal", de Luigi Pirandello.

lunes, 27 de febrero de 2012

Siddartha dixit

"En la profunda meditación existe la posibilidad de anular el tiempo, de ver toda la vida pasada, presente y futura a la vez, y entonces todo es bueno, perfecto: es brahma*. Por ello, lo que existe me parece bueno; creo que todo debe ser así, tanto la muerte como la vida, el pecado o la santidad, la inteligencia o la necedad; todo necesita únicamente mi afirmación, mi buena voluntad, mi conformidad de amante: entonces es bueno para mí, y nunca podrá perjudicarme.

He experimentado en mi propio cuerpo, en mi misma alma, que necesitaba el pecado, la voluptuosidad, el afán de propiedad, la vanidad, y que precisaba de la más vergonzosa desesperación para aprender a vencer mi resistencia, para instruirme a amar al mundo, para no compararlo con algún mundo deseado o imaginado, regido por una perfección inventada por mí, sino dejarlo tal como es y amarlo y vivirlo a gusto."

*brahma: evolución, desarrollo.


Siddartha a Govinda en "Siddartha", de Herman Hesse.

viernes, 24 de febrero de 2012

Fascismo.

"Las palabras son hijas de las ideas, (o mejor) las palabras son las ideas; las ideas son producto del fascismo de los sentimientos".

martes, 21 de febrero de 2012

Esperar.

“El miedo es esperar. Siempre que uno espera el tiempo sobra, y cuando el tiempo sobra la conciencia se desboca. Esa sobreactividad de la conciencia -esa sobreactividad que el miedo detona- no se detiene nunca, nada puede frenarla, dibujar sus límites. Supera todos los límites de lo posible. Lo real, por el contrario, acota la imaginación, detiene su desborde. (…) Lo peor es esperar. Porque en esa espera ocurre todo, una y mil veces ocurre, ocurre y vuelve a ocurrir, no cesa de ocurrir; lo temido, imaginado, vertiginosamente imaginado, es inabarcable, tiene todas las formas que le da el terror y de todas esas formas ocurre infinitamente. En cambio, cuando ocurre, ha de ser de una sola forma, una sola vez, y tendrá la consistencia, la plenitud de lo real, no el juego interminable que la imaginación propone.”

Versión retocada de la que aparece en 
"La crítica de las armas", de José Pablo Feinmann.

lunes, 20 de febrero de 2012

sábado, 18 de febrero de 2012

La mariposa sólo vive un día.

Hay días en que uno se levanta y se mira al espejo;
se ve lindo, y sale a la calle creyéndose lindo.
Hay días en que uno se levanta y se mira al espejo;
se ve horrible, y sale a la calle creyéndose indigno y miserable, y además horrible.

Hay días en que uno se levanta y mira el techo;
y siente una armonía inmensa allí en su mente.
Hay días en que uno se levanta y mira el techo;
y no puede sino sentir una honda tristeza allí en su pecho.

Hay días en que uno se levanta y mira el techo,
y luego se mira al espejo,
y luego traspasa todos los estados emocionales anteriores, en ese único día.
Entonces he allí la inexistencia del tiempo,
o la inexistencia de los sentimientos,
o bien, la inexistencia de la temporalidad de los sentimientos.

Yazar (porteñito).